
Sólo exigimos el lugar que nos merecemos, que os merecéis y que merece nuestra cultura, infectada y dominada por seres del inframundo que nos sumerjen en lo falso, lo sencillo, lo soez y lo obvio, hijos del miedo, esclavos del vil metal. No es una queja, no es un llanto; es la realidad, y no hay otra opción que luchar, que creer y dejarse la piel para generar la alternativa, la prueba viviente de que no todo es como nos lo pintan. Puede ser como tú lo quieras pintar...
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