
Andando, observando, pensando en un por qué y en un cuándo; pensando que vivimos siempre esperando. Somos robots programados para progresar, seguimos saliendo, bebiendo, fingiendo hallar el bienestar. Buscando pareja para sentar la cabeza y, cómo no, hacernos con una casa, un coche y un futuro cómodo. Sacrificándolo todo para no estar solos, moviendo hilos, dejando huella en los hijos y morir tranquilos. En nuestros sueños caen billetes rosas, nuestra realidad distinta: así es el orden de las cosas. Sucesos que invaden las casas, esposas, cadenas clavadas a estacas, vidas silenciosas. Camino entre promesas y hormigón; entre risas, parques y demás contaminación. Soy el ladrón de almas, miro directo a la gente; detecto qué ojos son los que aman y qué ojos mienten.
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